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OVNIS: ¿platillos voladores manufacturados?

POR JUANCA ROMERO HASMEN

Avión de combate F-117. Durante mucho tiempo, y en la actualidad, se confunde con un OVNI. / XAXOR.COM

¿Existen los OVNIS? La respuesta no puede ser más rotunda, claramente sí. Existen. Ahora bien, esta aparentemente osada afirmación la baso exclusivamente en el análisis de su propia definición. OVNI, o lo que viene a ser lo mismo Objeto Volador No Identificado, es a las claras algo que si no a diario, con mucha frecuencia pasa sobre nuestras cabezas, aunque otra cosa es que no nos fijemos en el cielo que nos envuelve. Y digo que existen los OVNIS desde el mismo momento en el que podamos observar algo que se esté desplazando o flotando en el aire y no sepamos definir qué es exactamente. Ahora bien, otra cosa muy, pero que muy distinta es afirmar que se tratan de aeronaves extraterrestres, tripuladas o no, que vienen a nuestro encuentro o en misiones de exploración. ¿Quién afirma eso?, no seré yo quien lo haga.

Y es que cuando nos adentramos en el controvertido a la par que apasionante mundo de la investigación ufológica, es fácil toparnos de frente con los defensores y los detractores en función de cuál sea el tema a debatir. ¿Se trata de naves provenientes de otros planetas, galaxias o universos?, ¿llevan en su interior algún tipo de forma viviente, o funcionan de forma autónoma y pre programada o teledirigida? Claro, puestos a desarrollar nuestra capacidad novelística, podemos añadir tantos ingredientes como nuestra imaginación nos permita, algo que a buen seguro agradecerían aquellos que estampan camisetas con la cara de un supuesto alienígena o que tiene un adhesivo platillero adosado al guardabarros de su coche.

Hagamos un pequeño apunte histórico para poder situarnos y centrar el tema. UFO, Unidentified Flying Object, en español OVNI, Objeto Volador No Identificado. Su estudio y análisis es denominado como ufología. Considerada como una pseudociencia, la ufología utilizan como herramientas de estudio del fenómeno, videograbaciones, fotografías, testimonios de supuestos avistamientos, informes de radar, informes militares si los hubiera, etc. Aunque se conocen grabados primitivos y obras pictóricas en las que aparentemente surgen objetos de este tipo, no es hasta el año 1868 en Chile, cuando un periódico se hace eco de la presencia de un objeto volador desconocido. A esta información se suman en los meses posteriores otros avistamientos lumínicos poco usuales. Pero no es hasta 1938 cuando el concepto ovni toma una relevancia social superlativa. George Orson Welles, director y guionista de cine entre otras muchas ocupaciones, junto con otros compañeros de su compañía, representó por radio la conocida obra La Guerra de los Mundos con tanto realismo, que causó auténtico pánico en la población de Nueva Jersey, haciendo creer a los ciudadanos que estaban siendo invadidos por los extraterrestres. De esta experiencia radiofónica se obtuvo varias víctimas mortales por aplastamiento y suicidio, además del intento de linchamiento a su propagador una vez se supo la fantasía de aquella narración. Otro punto relevante en la historia ufológica está en Roswell, localidad de Nuevo México, al sur de los Estados Unidos. En el mes de julio de 1947, supuestamente se estrelló una nave voladora con varios ocupantes en su interior. A día de hoy son tantas las informaciones y contra informaciones que invaden este expediente, que no se puede concluir con efectividad supina, que es lo que realmente ocurrió aquel día. A partir de aquellos hechos, se hace imparable el brotar de personas repartidas por todo el mundo que se empecinan en analizar el fenómeno de los platillos voladores, convirtiéndose actualmente en una de las anomalías más estudiadas.

¿Qué son?, ¿de dónde vienen?

Difíciles preguntas para darles respuesta contundente. Pero permítame que comparta con usted algo que llama poderosamente la atención. Si atendemos a la morfología de estos artefactos voladores, podremos observar como a lo largo de los años han sufrido los embates del tuning, proceso de transformación mediante el cual, el vehículo en cuestión, pasa de ser un simple trasto de hechura minimalista y tosca, a convertirse en un complejo artefacto psicodélico de variopintas apariencias. Así, de este modo, hemos podido comprobar cómo la cronología está íntimamente ligada a la evolución de estas supuestas naves extraterrestre, pasando de los simples platos invertidos o platillos volantes registrados en la década de los cincuenta, compuestos por un amasijo herrumbre acristalada, para seguidamente aparecer en escena otros con formas más perfiladas tales como triangulares, ovoides, alargados o una mezcla de todos ellos formando una genuina nave extra planetaria, repleta de luces zigzagueantes y operativas.

¿Acaso estos aparatejos evolucionan al mismo compás que lo hacen los vehículos terrestres? Y si es así, ¿Debemos seguir pensando en un origen extraterrestre para los OVNI? Este es un asunto tan controvertido, que no resulta difícil encontrar tendencias extremistas entre los defensores y contrarios del fenómeno en cuestión, grupo de radicales platillistas o pseudonegacionistas.

Pero vamos a ir un poco más allá. Analicemos el comportamiento de estos objetos voladores cuando se presentan ante nuestros incrédulos ojos humanos. Si atendemos a la casuística, los OVNI no anuncian su llegada en los medios de comunicación ni en grandes vallas colocadas en los márgenes de las autopistas. Lo hacen generalmente con nocturnidad y clara alevosía. Hace algunas décadas, no eran pocos los avistamientos de auténticas oleadas platilleras, invasores artefactos que se mostraban sin ton ni son ante parte de la humanidad. En esa sociedad de los sesenta y setenta, como auténticos champiñones brotaban estos aparatos voladores, incluso llegando a descender de su acondicionado interior, supuestos seres astrales. Actualmente, en la sociedad de la información en la que vivimos, justo cuando todo el mundo lleva una cámara adosada a su bolsillo y el internet está acoplado a nuestro marcapasos vital, ya no se registran testimonios de grandes oleadas ni abducciones hollywoorianas. ¿Dónde están ahora?, ¿dónde se esconden?, ¿por qué ahora son mucho más esquivos?

Quizá lo que antes era misterio, ahora simplemente un avión militar, una estrella lejana o un simple artefacto luminario a modo de lamparilla de fabricación china. Que los OVNI existen, no lo puede poner nadie en duda, por lo menos mientras lo que veamos siga estando sin identificar y en pleno vuelo. Sea como sea, estos artefactos seguirán alimentando los sueños inconformistas de los seres humanos, empeñados en hacer de su ombligo, dogma de fe. Ahora, en el siglo XXI, toca poner las miras sobre las verdades y mentiras de nuestra propia existencia, y prestar mayor atención a todo aquello que nos rodea. El ser humano comienza a aburrirse con las historias de seres extraterrestres de inteligencia desmedida, y comienza a plantearse por qué está aquí, y hacia dónde se dirige su camino. Ahora mirar al cielo se convierte en un claro síntoma de desarraigo por el suelo que pisa, y brotan las vitales intenciones imperialistas y de conquista.

No queremos ser abducidos por marcianitos trompetoides. Ahora hemos adoptado el rol de colonialista sideral, y anhelamos posar nuestros artefactos made in Tierra en el suelo de cualquier planeta o estrella, y, plantando la bandera, gritar: ¡venimos en son de paz! Esto es un aviso a cualquier vida extraterrestre: se aconseja no acercarse a este autodestructivo planeta azul llamado Tierra.



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